6ª Enseñanza:
Otro mito bastante generalizado sobre la Renuncia es que la renuncia implica “renunciar”
a derechos irrenunciables.
Nos resistimos a esa idea porque no queremos que nadie abuse de nosotros, nos maltrate o nos manipule; no deseamos que haya injusticia; consideramos que no debemos admitir algo que está mal o hace daño. Y esta resistencia es legítima, ya que la renuncia no implica ninguna de esas cosas. Renunciar no es ser débil, manipulable o ingenuo.
Podemos confundir renunciar con la ausencia de límites, con aceptar relaciones nocivas o un trato abusivo. En realidad, la renuncia como proceso de autoconocimiento y aceptación, nos capacita para posicionarnos en la vida de manera clara, libre y sana.
Primero, podemos reconocer nuestras propias emociones, reacciones y acciones, incluso nuestras carencias, sin juicios ni represión. Segundo, contamos con valores para guiarnos como el respeto, la escucha profunda, el trato amable. Es decir, nos hacemos cargo de nosotros mismos y determinamos nuestra conducta; no dejamos que la determinen las circunstancias exteriores. Por último, podemos establecer una distancia para observar la relación o la situación, y decidir sobre qué parámetros es saludable mantenerla y cómo posicionarnos en ella.
Por ello, la renuncia tampoco implica resignación. La renuncia como resignación es un mito más. Resignarse a la soledad, resignarse a la vejez, resignarse al aburrimiento, resignarse al sinsentido, resignarse… La resignación es la actitud de quien se da por vencido. En cierto sentido, es una actitud cómoda. La Renuncia nos lleva a una actitud contraria a la comodidad, ya que nos impulsa hacia la búsqueda continua y a desafiar nuestros propios límites.
La Renuncia no implica una pasividad ante la vida: abandonar el cuidado personal, abandonar el entusiasmo y la automotivación, en pocas palabras, dejar de esforzarse. Muy por el contrario, la Renuncia nos mueve a enfrentar cada instante con interés y con curiosidad, y hacer de nuestra realidad nuestro material de aprendizaje, de participación y de expansión.
Así, tampoco somos pasivos ante lo que sucede a nuestro alrededor. Sabemos que nuestras acciones, actitudes y palabras no son neutras e impactan en nuestro entorno. La Renuncia en este caso implica usarlas conscientemente de manera consistente con nuestros valores.
